viernes, 23 de septiembre de 2016

EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO


Luis Carlos Aguirre

En 1901, en tiempos de la presidencia de Julio A. Roca (padre), el de los billetes de $ 100, su ministro de guerra, General Pablo Riccheri, diseñó un sistema militar copiado del prusiano. Se buscaba tener tropas permanentes, en cantidad suficiente como para "disuadir" a eventuales países agresores. En aquel tiempo todavía la cantidad de tropa movilizada era sinónimo de fuerza. Las Fuerzas tendrían oficiales y suboficiales de carrera, con entrenamiento permanente y tropa con entrenamiento básico que, a fines presupuestarios, se obtendrían de la obligación de todos los ciudadanos varones de entre 20 y 21 años, de prestar un "Servicio Militar" obligatorio por ley durante un año o dos, según las necesidades.

De esta manera, en tiempos de un muy posible conflicto con Chile, se obtenían unas fuerzas acordes con los años que corrían y se iban integrando a los hijos de los inmigrantes al compromiso de defensa nacional. Pero, esencialmente, se podía tener un ejército y una armada poderosa en efectivos con un presupuesto relativamente cómodo.

El sistema colapsó ochenta años después, en la única experiencia bélica que tuvo la Argentina en el siglo XX, el conflicto del Atlántico Sur. No me parece necesario profundizar sobre el conflicto porque me desviaría del tema y cambiaría el sentido de estos razonamientos. A pesar de ello creo, con lo poco que conozco del tema técnico militar y las conclusiones del "informe Rattembach", que el desempeño de las Fuerzas Argentinas fue heroico pero la falta de equipamiento y entrenamiento adecuado fueron terribles[1]. Las fuerzas del Reino Unido no podían entender cómo se había llevado al frente a muchachos de 18/19 años sin entrenamiento ni equipamiento.

Desde el punto de vista militar es una antigüedad, un sistema arcaico que cada vez menos países mantienen vigente. No es efectivo en lo técnico militar y genera todo un malestar social ante la leva forzosa. La resistencia de la población es muy importante y el "beneficio" es militarmente nulo.

En Argentina, con la vuelta a la democracia, el gobierno del Dr. Alfonsín, comenzó a implementar el sistema de "soldados voluntarios" (con sueldo y entrenamiento más intensivo que de los soldados conscriptos), tendiente a ir disminuyendo gradualmente la cantidad de ciudadanos convocados, con el objetivo de eliminar el sistema. Con las diferentes crisis militares que sufrió la democracia incipiente y la crisis económica que se desató sobre el final del primer período constitucional, este proyecto, como otros, quedó en la nada. El Dr. Menem no modificó el esquema y, de manera puramente oportunista, al producirse el asesinato de un soldado conscripto (el Soldado Carrasco) con otros antecedentes similares, eliminó el Servicio Militar obligatorio de un plumazo. Esta medida contó con gran apoyo popular en su momento y llevó a las fuerzas a tener que nutrirse de tropa voluntaria. Estos soldados voluntarios, son, al igual que cualquier efectivo armado, empleados del estado y no ciudadanos obligados a prestar un servicio que no desean.

Esto desde el punto de vista de la defensa nacional. Es de notar que, durante los casi cien años en que estuvo vigente el sistema, en muchos casos sirvió para alfabetizar muchachos de zonas alejadas de las ciudades, detectar enfermedades como el "mal de Chagas-Maza", aprendizaje de oficios, etc. Estas actividades pueden calificarse de positivas, pero no son funciones de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas han de estar preparadas técnica y moralmente para defender a la patria, no para cubrir deficiencias de las áreas sanitarias, educativas y sociales del Estado.

Hoy tenemos graves problemas sociales porque vemos jóvenes que, salidos de control, son protagonistas constantes de hechos graves, algunos directamente delictivos. Es insoslayable que la sociedad entera, guiada por el Estado, tome cartas en esta grave problemática.

Sabemos que estas circunstancias no son un problema de corta data ni de fácil resolución. Hay toda una cultura de individualismo exacerbado que se ha generalizado. La falta de trabajos genuinos, de una sociedad económicamente en decadencia, ha determinado que mucha gente "sobre". El desquicio del sistema educativo y la falta de horizonte de los que logran estudiar, son otra realidad constante. A eso debemos sumar una seria disgregación social, el ingreso del narcotráfico como un "estado dentro del estado" y la descomposición ética de las fuerzas policiales. Todo esto genera un caldo de cultivo tendiente a buscar  la "salida autoritaria" para resolver problemas que requieren autoridad. Claro que sí, pero no la autoridad de la jineta sino la autoridad de la ética.
Una sociedad que ha tolerado que sus más encumbrados dirigentes se enriquezcan desvergonzadamente desde el poder sin reaccionar, ahora debe asumir su responsabilidad y exigir el cumplimiento de las leyes y actuar en consecuencia.  Si no logramos que los ciudadanos usen los cestos de papeles en la vía pública, ¿vamos a detener la penetración del narcotráfico? Aunque parezca una comparación exagerada, debo afirmar que no. NO.

Entonces, en vez de pedir un Servicio Militar que no tendría otra función que "disciplinar" muchachos vagos, en vez de mejorar las Fuerzas Armadas, debemos dedicarnos a "disciplinar" las conductas sociales e individuales. Exigir a los gobernantes que resuelvan estos temas y que sean ejemplo para la sociedad. Y, además, ser ejemplo para nuestros hijos. La educación no es función exclusiva de la escuela, es una tarea indelegable de toda la sociedad... la escuela solamente brinda una parte.

La delincuencia generalizada es consecuencia de una sociedad enferma, vayamos aplicando los antibióticos pero, también, cambiando la dieta y las costumbres. De otra manera será como los que adelgazan tomando anfetaminas, en cuanto pasa el efecto engordan mas que antes y destruyen sus glándulas. Seamos adultos de una vez por todas.



[1] “…Nuestras FF.AA. demostraron en el conflicto, las siguientes debilidades:
a. Deficiencias en el accionar conjunto, según fue referido en el subtítulo anterior.
b. Falta de desarrollo equilibrado y armónico del equipamiento de cada Fuerza, sujeto ello a las necesidades de la guerra moderna y las hipótesis de guerra existentes.
c. Falta de una fuerza submarina adecuada.
d. Falta de una aviación modernizada para la guerra en tierra y en el mar, y de medios aéreos de exploración y reconocimiento adecuados.
e. Falta de fuerzas terrestres actualizadas profesionalmente, en especial para el combate en horas de oscuridad.
f. Ausencia de una logística organizada y conducida con criterio conjunto.
g. Falta de fuentes diversas para la obtención de armamento y de una adecuada capacidad de autoabastecimiento, por ausencia de tecnología propia y de industrias de guerra suficientes.
h. Falta de adiestramiento suficiente en las FF.AA. para el aprovechamiento integral de la electrónica en todos los ámbitos de la guerra moderna (Aire, agua, tierra).

sábado, 17 de septiembre de 2016

Moisés Lebensohn, una voz olvidada.



Hubo una voz en el radicalismo que no fue escuchada. Una clara visión de lo que estaba ocurriendo en su momento histórico y un impecable análisis de lo porvenir. No se trató de un profeta, tal vez su nombre lo predestinaba a ser un líder, un conductor a través del desierto. Pero no pudo ser, la muerte lo arrancó muy joven y, los que quedaron, no supieron, no pudieron o no quisieron seguir la senda que había indicado.

Otra vez recurro a la publicación TODO ES HISTORIA, de Felix Luna y María Sáenz Quesada.

En el número 189 de febrero de 1983 hay una nota de Emilio J. Corbière que sintetiza su pensamiento. Como todos los hechos del pasado, tienen que servirnos para el presente y, esencialmente, para plantear el futuro. Que sea fructífero y el agradecimiento correspondiente a los que corresponde.

Para leer la nota hacer "click" en el enlace que aparece abajo. También puede "bajarse".

Moisés Lebensohn... una voz olvidada.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cincuenta años de un día vergonzoso para los argentinos...



El día en que se emitió este programa me encontraba internado, de manera que, ocupado en otras cosas, no pude verlo ni hacerme eco del recordatorio de los cincuenta años de ese día vergonzoso para la historia de los argentinos. Por favor, vean este documental hasta el final, sin prejuicios y, por favor, enseñen a sus hijos sobre estas coas para que no vuelvan a ocurrir...